OMAR LORA GOÑALONS
Terapeuta, padre, guía, amante de la naturaleza y defensor a ultranza de los derechos humanos —entre otras cosas, claro. Acompaño a personas a descubrirse a sí mismas más allá de lo que aprendieron que debían de ser, a hacer las paces consigo mismas, a abrazar su propia verdad y, con suerte, a tratarse un poquito mejor.
Considero que lo que realmente ayuda en mi proceder como terapeuta es que toda mi formación está respaldada por mi propio proceso personal, que inició en 2010 y en el cual continúo. Supervisar lo que me sucede en mi trabajo me parece fundamental y necesario para poder acompañar de manera honesta y transparente a otras personas en sus procesos vitales.
Mi trabajo tiene un enfoque integrativo en el que incluyo lo cognitivo, lo emocional y lo corporal. Combino la terapia Gestalt con el trabajo cognitivo corporal y la terapia sistémica. Me he formado en distintas metodologías humanistas, he pasado por el programa SAT de Claudio Naranjo, me he formado en el MICC® (Método Integrativo Cognitivo Corporal) con Carmen Cordero, y llevo tres años acompañando la formación en terapia Gestalt en el Institut Gestalt de Barcelona como observador.

En la sociedad actual, donde predomina la búsqueda de soluciones rápidas y resultados inmediatos, han proliferado los gurús de la ayuda. Sus discursos prometen fórmulas simples para alcanzar el bienestar emocional, la felicidad o el éxito personal, apelando a la inmediatez que tanto valora el mercado. Sin embargo, este enfoque suele trivializar el proceso terapéutico genuino, el cual requiere tiempo, compromiso y un trabajo profundo y sostenido.
La terapia no es un producto de consumo rápido ni una receta universal; es un proceso singular y complejo que implica autoconocimiento, confrontación y paciencia. Los atajos, los tips y los trucos nos llevan a creer que existe una manera de convertirse en ese ideal que anhelamos. Sin embargo, más que ayudar terminan generando culpa, restan valor al acompañamiento profesional, y alejan a las personas de un verdadero proceso terapéutico.
Mi compromiso con este oficio es una propuesta seria, rigurosa, entendiendo que cada paciente tiene su ritmo, que está envuelto/a en unas circunstancias únicas y que éstas tienen que ver con lo vivido en la infancia y con las estructuras sociales en las que está insertado/a.